Bloques de cáñamo en Madrid

DSC_0064Actualmente el proceso de la construcción se encuentra en manos de sistemas en pro de una industrialización y capitalización frenéticas y delegan parte de su función a costes posteriores. Esto es un grave error.

La situación actual, como es ya sabido y reconocido, nos está llevando a un límite de consumo energético que obliga, cuando menos, a recapacitar.

Esto se ve claramente con la evolución de los muros de cerramiento a lo largo de la historia.

Durante un periodo de millones de años, los homínidos (y sus parejas) vivían sin inventos ni nada; se metían en cuevas, que son las construcciones naturales más isotermas con cero aporte de energía que hay en el planeta.

Cuando se descubrió el fuego el hombre podía dormir al raso más a menudo, y por tanto alejarse de su cueva para buscar más caza. Empiezan las primeras construcciones, siempre con muros anchos a base de armazones de madera y un buen espesor de tierra o arcilla. Estas casas se calentaban sólo con un fuego y el calor corporal, debido a la enorme inercia térmica de los muros, el calor se mantenía bien.

Así la especie sobrevivió más de cien mil años, que se dice pronto.

Desde que se inventan las primeras máquinas como la palanca o la polea, los muros se hacen más altos y empieza el lío de la conquista vertical, con la que llevamos desde hace unos diez mil años, es decir, la era de las civilizaciones.

Pero sólo desde hace unos cien años la producción masiva de energía a partir de combustibles fósiles ha conseguido que se puedan climatizar los lugares y que se hagan muros tan delgados como el vidrio, cosa absurda a todas luces, pero que vende.

Cuanto más finos son los muros y menor su inercia térmica, mayor es el consumo energético requerido para aclimatar los espacios interiores, llegando al extremo de los muros de vidrio o muros cortina, que no sólo requieren de mucha energía para mantener el calor, sino que además se requiere de mayor energía para algo totalmente inaudito, enfriar el ambiente interior.

Todo esto ocurre, y vivimos inmersos en una supernebulosa de datos incorrectos y conocimientos engañosos.

Por regla general, cuando pensamos hacer los muros de una casa, pensamos directamente en el aspecto que se le va a dar a la casa y en el aislamiento que le vamos a poner, el resto lo hará la calefacción y el aire acondicionado.

Estamos olvidándonos de lo más importante, la inercia térmica del material.

En las distintas regiones de España se aprecia la misma falta de rigor técnico.

En la zona de Guadix se promueve desde los ayuntamientos acabar con las casas cueva, sustituyéndolas por adosados convencionales con aire acondicionado

Y en las zonas frías por el contrario, gracias a las calefacciones actuales, la piedra de los muros pasa a ser un elemento decorativo, ya que se evita enfoscar exteriormente con morteros aislantes de cal (cuatro veces más aislante que el cemento), como siempre se ha hecho para aprovechar el calor latente de la piedra más tiempo; cabe recordar que las únicas construcciones que se dejaban de piedra vista eran las destinadas a los animales y las iglesias, en el resto siempre se cubría exteriormente la piedra con enfoscado de cal y sus múltiples decoraciones y policromías.

 

bool(true)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *