Bajo el Asfalto está la Huerta

Una experiencia de productores y consumidores diferente en la que están demostrando una gran responsabilidad a la hora de cultivar huertas okupadas.

Foto Vicente J. Ruiz Jurado (BHA)

Son un colectivo más de los que componen el actual movimiento okupa ecológico español. Entregados con entusiasmo y voluntad, se arriesgan a trabajar suelo público para cultivar en agricultura ecológica huertas cercanas a las ciudades, fortaleciendo con su trabajo la expansión de las redes de distribución ecológicas locales y el consumo consciente. Se organizan semanalmente para abastecer de hortalizas y pan a los Grupos Autogestionados de Consumo Ecológico de Madrid y alrededores; y aunque viven en la aparente inseguridad del que no es propietario de nada, demuestran con su entrega y responsabilidad la valía de esta iniciativa real.

Habiéndose unido en otoño del año 1999  para materializar sus ideales, y cuando aún no se han cumplido tres años de su andadura, trabajan como okupas pacíficos y en agricultura ecológica cuatro fincas en la periferia de Madrid -amenazadas por las grandes infraestructuras y el abandono- en las que cultivan diversidad de hortalizas biológicas que más tarde distribuyen directamente por las cooperativas de consumidores ecológicos de la ciudad. En paralelo han creado un grupo de apoyo contra el Pantano de Itoiz, otro contra la demolición de los pueblos navarros okupados Artanga y Rala y realizan acciones informativas sobre los transgénicos.

Cooperativa Agroecológica de producción y consumo
Para hacer productivas tierras abandonadas o destinadas a un proyecto de futuro que nadie materializa, hay que tener claridad, fuerza, confianza y vivir con el desapego a la espalda, pues este gesto implica estar en el presente, sabiendo que el camino es hacia adelante y que ante los conflictos uno será siempre el que se irá, dejándolo todo atrás. Aún así conocemos iniciativas en todo el mundo que de esta forma se han consolidado y que son ejemplo y aliento para otros, como lo fueron para este colectivo madrileño.

La Cooperativa Agroecológica de Producción y Consumo Ecológico del BAH tiene como objetivo prioritario abastecer totalmente la alimentación de las personas o familias que la integran. El proyecto es autogestionado por 12 grupos de productores y 11 grupos de consumidores quienes producen, distribuyen y consumen las verduras que salen de las huertas. Se fomenta la cooperación entre consumidores, trabajadores y distribuidores que, al compartir intereses comunes, consiguen el autoabastecimiento armónico, lejano al mercado competitivo, donde prima la creación de espacios y el liberar los medios de producción.
Trabajando cinco personas a jornada media o completa, y cobrando un pequeño sueldo de 420 euros mensuales, han conseguido abastecer a un grupo autogestionado de consumo de Madrid y alrededores formado por 120 personas o familias. A cambio de 8 euros semanales, cada socio recibe una bolsa con hortaliza y pan ecológicos que se reparte en locales concretos, manteniéndose el compromiso de pedido por encargo para toda la temporada. Pretenden así generar autoempleo rotativo, respetando las condiciones de la agricultura ecológica, con productos de temporada y el reparto a circuitos cortos. Asimismo, desde la cooperativa se intentan cubrir otras necesidades del grupo como es la salud, el transporte, la tierra, la semilla, la herramienta, la maquinaria, el estiércol, el agua y el aprendizaje.
Actualmente se trabajan 1,5 hectáreas en cuatro zonas diferentes:
En San Fernando de Henares cultivan dos parcelas de regadío de pozo a pesar de lindar con un complejo de hidrocarburos de Repsol. Los análisis de agua y tierra dieron un resultado libre de metales pesados y residuos tóxicos. De estas parcelas se recolectan hortalizas variadas de producción primaveral como lechugas, acelgas, espinacas, coles, tomates y un vivero de plantas aromáticas para asociar a los cultivos.
En San Martín de la Vega se trabaja en una finca del Ayuntamiento en donde han sembrado 6.000 m2 de cultivos de verano en líneas de cultivos asociados de maíz con judía con cucurbitácea y tomate con albahaca o perejil.
En Perales de Tajuña y en dos parcelas arrendadas de unos 5.000 m2, han plantado ajo ecológico de secano siguiendo las curvas de nivel para evitar la erosión de la lluvia con un sistema de siembra en líneas agrupadas.
También en Torrejón okupan una huerta donde realizan actividades educativas y reivindicativas, se reproducen semillas locales y organizan encuentros para niños con la intención de que recuperen la relación con la naturaleza.

Sobre la nada, con apenas recursos y con el espíritu de riesgo que les caracteriza, han dejado huellas de vida verde sobre terrenos baldíos destinados a ser escombreras, de los que han sacado alimento y esperanza en que el cambio social es posible si se pasa a la acción.

Sistema de bolsas fijas
La producción se reparte entre todos dependiendo cada temporada de la fertilidad de la tierra -en invierno hay menos variedad y cantidad de productos, que se compensa con la abundancia de la primavera y el verano-, y fijándose un precio semanal por bolsa de 8 euros que, sumado a lo que se consigue con otras acciones colectivas, permite la autofinanciación.
A cada cuota le corresponde un lote de verduras, pero la cantidad que aporta el socio no tiene relación directa con la cantidad o la calidad de la verdura, sino con las necesidades de la Cooperativa para subsistir. Todas las verduras y hortalizas producidas en las huertas se reparten frescas  semanalmente en lotes que contienen lo mismo para todos.
El compromiso de consumo así como de trabajo, son piezas clave del modelo, que permite basar la relación entre productor y consumidor en el conocimiento y confianza mutuas, teniendo en cuenta por parte del grupo la planificación de la producción para que ni sobre ni falte alimento.
La propiedad de los bienes de producción y el producto es colectiva, así como su gestión. Entre todos y en Asambleas Generales mensuales de trabajadores y consumidores se decide la organización de todo el engranaje.

El hecho de que los trabajadores reciban una asignación existe para que éstos puedan dedicarse a la producción, pero la motivación principal no es económica sino de autoabastecimiento.
Por ello, cuando hay alimentos que no pueden  producir, la Cooperativa se asocia con otros productores ecológicos cercanos, apoyando su proyecto, para completar el abastecimiento y conseguir no tener que acudir al mercado convencional para sustituir el sano alimento ecológico por otro muy bien presentado, pero cargado de pesticidas, envases sospechosos, colorantes, saborizantes, aditivos y alimentos modificados genéticamente.

© Mar Lana y EcoHabitar

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