El
descubrimiento de aspectos fundamentalmente novedosos en el campo de
las matemáticas y la geometría puede llevar al desarrollo
de una gran variedad de nuevos productos para la vida cotidiana, sin
que el usuario sea consciente del origen de la innovación.
Paul Schatz descubrió nuevos territorios en este sentido en los
años 20 del siglo pasado. Con los recursos profesionales de matemático
e ingeniero y el aprendizaje como escultor en madera transitó
caminos poco ortodoxos en la exploración del espacio. Los trabajos
de Rudolf Steiner (1861-1925) en el área de las ciencias filosóficas
respecto del espacio, le sirvieron de inspiración para sus investigaciones
artísticas. Con el descubrimiento de la famosa fórmula
tiempo-espacio de Albert Einstein el mundo intelectual de Europa estaba
sumamente sensibilizado acerca de este tema que tenía un componente
emocional muy fuerte para sus contemporáneos. Paul Schatz presenció,
de estudiante en Munich, cómo un grupo de científicos
intentó desarrollar una teoría opuesta a los trabajos
de Einstein por razones meramente antisemitas.
El estudiante abandonó el mundo de la universidad después
de cuatro años de estudios, porque la metódica puramente
intelectual de las enseñanzas científicas no le ofrecía
respuestas satisfactorias para los interrogantes esenciales de la vida.
Después de ser soldado en la primera guerra mundial vió
en el pensamiento intelectual y materialista una de las causas profundas
de la guerra y de los demás conflictos de la sociedad. Especialmente
el desarrollo técnico le parecía a Paul Schatz un aborto
del materialismo. Esta fuerza destructora puesta de manifiesto en la
guerra caló en la conciencia colectiva y a partir de los años
60 se relacionó también con la cuestión medioambiental.
Como artista y escultor Paul Schatz, al final de los años 20,
acometió de nuevo, pero desde un punto de vista totalmente distinto,
la problemática del espacio. Mientras tanto había conocido
los trabajos de Rudolf Steiner, quien construyó su método
científico según el de Goethe. Steiner percibió
el espacio como una unidad orgánica inmersa en procesos de movimiento.
Una y otra vez le llevó el pensamiento de la idea de la metamorfosis
a la idea de la inversión. Paul Schatz examinó esta idea
general aplicada al espacio geométrico, especialmente acerca
de los cinco cuerpos regulares de Pitágoras que se llaman habitualmente
los cinco cuerpos platónicos. En el año 1929 descubrió
que hay en cada uno de ellos las estructuras matemáticas que
llevan a su propio e individual proceso de inversión.
Casi
como una sucesión de explosiones siguieron a este descubrimiento
fundamental múltiples nuevos hallazgos e inventos. Por un lado
desarrolló material pedagógico que se edita y comercializa
desde 1933. A ello pertenece el cubo inversible realizado en cartón.
Este medio de enseñanza muestra las leyes matemáticas
en un objeto tridimensional y en tres colores. Se puede encontrar esta
clásica y hermosa división del cubo a través del
teorema de Pitágoras. La parte central del cubo es completamente
móvil y forma, durante un completo e impulsivo movimiento de
inversión, tres veces un triángulo equilátero horizontal.
Para el lego, para alumnos, arquitectos y diseñadores constituye
un medio de aprendizaje ideal para ejercitar su visión del espacio
y del movimiento y favorecer así su creatividad.
Por otro lado Paul Schatz vió inmediatamente en la cinemática,
del movimiento tridimensional del cubo una gran posibilidad para la
técnica especialmente para la construcción de máquinas.
El movimiento de inversión no es regular y supeditado al plano,
comparado con los modos de movimiento fundamentales como la traslación
y la rotación, sino que es rítmico y espacial y describe
líneas helicoidales. Así, esta clase de movimiento está
más cerca de todos los procesos naturales, sobre todo en el medio
acuático. La máquina más conocida desarrollada
por Paul Schatz lleva hoy el nombre de Túrbula o también
Inversina y se considera en la industria como uno de los mejores, más
eficientes y sobre todo más cuidadosos mezcladores. Miles de
estas máquinas están funcionando en todo el mundo en talleres
y laboratorios para mezclar pigmentos o materia pulverizada o para posibilitar
procesos farmacéuticos delicados u otros procesos técnicos
difíciles. Una característica especial de este procedimiento
es la reducción del tiempo de trabajo, de una cuarta parte hasta
una treintava parte del tiempo usual y la elaboración cuidadosa
y armónica dentro del recipiente.
Todos los cuerpos geométricos que efectúan una inversión
y se someten con esto a un proceso en el tiempo, describen nuevas formas
con sus vértices y esquinas. Paul Schatz dió a estas formas
nuevas el nombre de “Configuraciones polisomáticas”.
Examinó muy detenidamente estas estructuras temporales a lo largo
del movimiento de inversión del cubo. Las describió como
cuboides, y vió en ellos su desarrollo y la posibilidad de aplicarlos
en arquitectura. Lo importante para él en este aspecto era concebir
o entender el espacio como elemento fluyente, de vivir la forma como
fluido.
La
forma más destacada de estas configuraciones polisomáticas
es el Oloid. El Oloid se forma de dos esquinas de un cubo y a través
del movimiento de una de sus diagonales espaciales. De esto nace un
cuerpo armónico y simétrico que actualmente se puede adquirir
como un objeto bello o como objeto de enseñanza para fines pedagógicos.
Además Paul Schatz vió enseguida el aspecto tecnológico.
En combinación con la mecánica del cubo la cinemática
de la inversión, que anteriormente ya utilizó con la Túrbula,
construyó en los años 30 un motor de impulsión
para barcos.
En los años 70 el inventor vió la tecnología Oloid
como eficiente protectora del medio ambiente, sobre todo una técnica
medioambiental de efecto duradero. La sociedad anónima fundada
por Paul Schatz inició de nuevo sus actividades a partir del
año 1994 y tiene como consecuencia que la tecnología Oloid
se esté adoptando en diversos países europeos. El Oloid
se aplica como unidad de agitación, oxigenación y para
remover el agua en procesos de depuración y desde 1998 se construyen
con él plantas depuradoras íntegras de aguas residuales
para casas y urbanizaciones pequeñas. Con un gasto mínimo
de energía se purifican pequeños lagos y estanques, se
tratan balsas con lixiviados de vertederos de basura o plantas de compostaje
y se activan plantas depuradoras pequeñas. Debe destacarse el
reducido gasto de energía que sólo requiere el 20% de
la habitual para los mismos procesos, además del tratamiento
cuidadoso que recibe el agua en cuanto a su biología. El bajo
coste de energía de la tecnología Oloid permite el empleo
a precios razonables de la energía solar fotovoltaica y posibilita
su funcionamiento en instalaciones autónomas, aspecto clave en
la tecnología del futuro.y