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Las Ecoaldeas
votan por la Paz
Por Lucilla Borio, secretaria general
del GEN Europa
Vivimos
en un mundo marcadamente individualista. A casi nadie le preocupa las
consecuencias de sus actos sobre el resto de seres humanos, y mucho menos
sobre el resto de seres vivos y sobre la Tierra en general. Nuestra guía
para la acción es el interés propio, de acuerdo con una
ética utilitarista que califica lo bueno como lo que es útil
para nuestros particulares intereses. Desarrollamos formas de vida caracterizadas
por el aislamiento, el placer consumista y la competición por los
recursos. Nos consideramos libres y dueñ@s de nuestros actos, pero
en realidad permitimos que nos utilicen para intereses ajenos. Vendemos
nuestro tiempo y nuestra creatividad a no sabemos quién a cambio
de unas migajas, dejamos nuestros ahorros en grandes bancos que los invierten
sin escrúpulos en la explotación de seres humanos en países
lejanos, en la expoliación de sus recursos, cuando no en el terror
de la venta de armas y la guerra. Vivimos en la abundancia y el consumismo
y, con todo, nos sentimos insatisfech@s y cada vez más sol@s.
Ayer mientras tendía la ropa recién lavada, bajo un claro
cielo de invierno, aquí en la Riviera, mi corazón se sentía
lleno de luz y de dicha al mirar las montañas que rodean mi pueblo,
con una fresca brisa que rozaba mi rostro y el olor de la mimosa y del
pan recién hecho en la cocina. Pero por otra parte, mi corazón
estaba duro y triste al pensar en las miles de mujeres y de hombres que
viven bajo el miedo y el peligro en tantas partes del mundo, en Bagdad,
en Palestina, en África, en donde cosas tan sencillas como tender
la ropa es una tarea difícil y arriesgada. Así que pensé:
¿cómo puedo explicar que lo que hacemos quienes vivimos
en ecoaldeas es importante en un mundo embarcado en una destructiva guerra
con consecuencias impredecibles para las vidas de todos?
Esto surgió entonces de mi corazón:
Las ecoaldeas votamos por la paz, ahora y siempre, sin aceptar
ningúna condición y sin dudas.
Votamos por la paz cada vez que utilizamos nuestra creatividad y nuestras
habilidades para reducir el impacto ambiental de nuestros asentamientos,
cuando hacemos uso de nuestros paneles solares y aislamos nuestras casas
para no perder energía, cuando utilizamos combustibles renovables
en nuestros sistemas de calefacción y aplicamos todas las estrategias
posibles de ahorro de energía para disminuir nuestra dependencia
del petróleo. Votamos por la paz cada vez que cultivamos nuestros
campos con respeto y compramos alimentos ecológicos, rechazando
la agricultura industrial y la cría intensiva de animales, y de
nuevo disminuimos así nuestro consumo de petróleo. Votamos
por la paz cada vez que vamos a pie o utilizamos el transporte público,
cuando compartimos el coche con nuestros amigos, porque es más
divertido y porque también así reducimos nuestro consumo
de petróleo. Votamos por la paz cuando forzamos la posibilidad
de llenar nuestros tanques de diesel con aceite vegetal o cuando cargamos
las baterías de nuestros coches eléctricos con energía
solar y decimos así felizmente adiós al petróleo.
Las ecoaldeas votan por la paz en encuentros, foros y mediaciones, aprendiendo
que la paz nace en nuestros corazones y que desde ahí debemos extenderla
en nuestro alrededor. Votamos por la paz cuando aceptamos nuestras diferencias,
y valoramos la diversidad como una preciosa fuente de aprendizaje y crecimiento.
Votamos por la paz cuando honramos las misteriosas, desconocidas y primitivas
fuerzas que gobiernan el universo, sin nombre y sin etiquetas, en tanto
que origen de todos nosotros. Votamos por la paz cuando actuamos para
proteger y restaurar la Tierra y sus elementos, como el único planeta
que apoya la vida tal como la conocemos.
Las ecoaldeas votan por la paz cuando compartimos nuestros recursos y
nuestro trabajo, colaborando y no compitiendo, conscientes de que ésta
es la única manera para alcanzar una verdadera riqueza. Votamos
por la paz cuando, en nuestra vida diaria, buscamos el bienestar interior
antes que las posesiones materiales, y así lo hacemos con nuestros
seres queridos, nuestros hijos y nuestros vecinos. Votamos por la paz
cuando reducimos nuestro consumo y nuestros desechos, reciclando y reparando
lo que tenemos, antes de comprar cosas nuevas, cuando contenemos nuestra
codicia y elegimos conscientemente la simplicidad voluntaria como parte
de un estilo de vida que nos hace ser totalmente felices. Votamos por
la paz al reconocer los límites de nuestras acciones, la urgencia
de compartir los modelos que estamos desarrollando y la dicha de vivir
con otras personas.
Las ecoaldeas votamos por la paz cuando nos relacionamos unas con otras
y con el mundo en una creciente red global de iguales, enlazando los corazones
y las almas de miles de hermanas y hermanos en todo el mundo, que están
creando comunidades sostenibles en sus propios países. Votamos
por la paz cuando decimos al mundo que existimos, a la vez que mostramos
que un futuro diferente es posible para todos aquéllos que quieran
escuchar y participar. Votamos por la paz independientemente de nuestra
raza, de nuestra lengua, religión y creencias políticas,
pues sabemos que todos somos uno, a pesar de nuestras diferencias.
Votamos por la paz porque estamos construyendo la paz cada día
con nuestra elección y nuestra consciencia. Creemos en la paz como
la única forma de resolver conflictos y ayudar al planeta a encontrar
un equilibrio durable basado en el respeto por la Humanidad y por la Naturaleza,
en la justicia social y la equidad global.
Votamos por la paz, hoy y siempre, pues sólo con Paz podemos crear
un futuro para nosotros y para nuestros hijos..
© Por Lucilla
Borio, secretaria general del GEN Europa y EcoHabitar.
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