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El
hábitat puede considerarse como nuestra 3ª piel, siendo
la epidermis la primera y la ropa la segunda. El medio ambiente
y el tipo de vivienda en que habitamos influye directamente sobre
nuestro bienestar y nuestro ser. La forma, los materiales, los
colores además de su función, determinan la sensación
de paz y de armonía.
A raíz de una búsqueda de varios años, de
un modo de vida alternativo, basado en una vuelta a la naturaleza
y la simplicidad, hemos dado con la idea de vivir la experiencia
de una Yurta. Después de un curso de formación junto
a un arquitecto especializado en Yurtas, hemos construido la primera.
La Yurta es la vivienda tradicional de los pueblos nómadas
de Asia central. Transportable y de forma redonda, está
hecha de un armazón de madera, recubierto de fieltro de
lana. Es en Mongolia, su país de origen, donde la Yurta
constituye el hábitat mas difundido.
A pesar de su aparente simplicidad, la yurta es una estructura
de concepción muy ingeniosa, teniendo cada elemento una
importancia fundamental e interactuando con las otras partes en
la cohesión del conjunto. En el interior, el techo redondo
representa el cielo, la apertura en medio como el sol, el ojo
del cielo de donde viene la luz. El centro es el lugar más
sagrado donde se encuentra el fuego, símbolo de la vida.
A menudo se recubre el suelo de una base de madera desmontable
sobre la cual se extienden alfombras, sobre todo si la yurta se
queda en un sitio fijo bastante tiempo.
El tamaño de una yurta depende del número de entramados.
Una yurta familiar mediana se compone de 4 a 6 entramados, lo
cual corresponde a un diámetro de entre 5 y 7 metros. La
altura de la pared varía entre 1,40 y 1,85 metros y la
corona (el orificio del techo) se sitúa aproximadamente
a 3 metros del suelo, según el uso deseado.
Rápidamente montada y desmontada (aproximadamente 3 o 4
horas), fácilmente transportable (unos 100 kg para una
yurta de 5 m), la yurta no necesita piquetas en el suelo puesto
que solamente está puesta, lo que permite montarla sobre
cualquier terreno, arenoso, rocoso o incluso helado. Su forma
redonda le da un mínimo de toma de contacto al viento y
en el interior una sensación de espacio, debida a sus paredes
verticales.
Además, las excelentes cualidades de aislamiento del fieltro
hace que la yurta permanezca confortable y soporte grandes variaciones
de temperatura.
La yurta está constituida de los elementos siguientes :
• Una pared cilíndrica hecha de varios entramados
ensamblados unos a otros.
• Un entramado esta compuesto de listones de madera cruzados
los unos sobre los otros de manera que se puedan desplegar y replegarse.
• Un techo hecho de pértigas, que reposan sobre la
cima del entramado y que se insertan en una corona central que
forma la cumbre. Esta armadura de madera está recubierta
de piezas de fieltro, una o varias capas, según la temperatura.
Se añade una tela gruesa de algodón blanco impermeable
que protege al fieltro de las intemperies.
Vivir en una Yurta
Una de las razones que nos han llevado a vivir en una Yurta es
la movilidad que nos permite, sin necesidad de permiso de construcción.
Otro motivo es su bajo coste. Además, nos gusta la forma
redonda que permite el flujo de la energía (no queremos
hablar aquí demasiado de la tiranía de la línea
recta, que no existe en la naturaleza...). Por ultimo, nos lleva
de vuelta a la simplicidad y a una vida sencilla, en contacto
con la naturaleza y en un ambiente atractivo.
La Yurta es igualmente un complemento agradable para acoger amigos
en un alojamiento anexo y es también un espacio funcional
y estético para camping rural, vacaciones, bodas, reuniones,
cursos o exposiciones.
Vivir una experiencia con la Yurta es una buena manera de rehabilitar
la relación entre el hombre y la naturaleza. Por el momento,
nuestras almas navegantes han elegido la Yurta como modo de vida,
y nuestro horizonte está constituido por una vida sana
en la que queremos trabajar con los niños, la bioconstrucción,
el yoga y la agricultura ecológica, convencidos de que
la dedicación a actividades diversas contribuye a un enriquecimiento
profundo y real del ser. Como decía Hundertwasser: “La
armonía con la naturaleza es la clave de la felicidad y
la belleza es el camino que nos conduce a ella”.
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