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Reconstrucción
de un tejado
En
la zona de Castilla lo tradicional para tejados era poner vigas y cabios
sin escuadrar y poner ripia encima (ramas, astillas, tablas viejas, etc.)
Sobre eso se echaba tierra y paja de dos años para aislar, pues
la paja vueja ha perdido el lustre y no hace resbalar la teja..
Textos
Mateu Ortoneda
Y luego la
teja. El problema era que caía tierra constantemente, por lo que
se hacían cielos rasos y en la paja anidaban desde ratones a pájaros
que levantaban las tejas. Hoy, al restaurar estas casas, lo normal es
quitarlo todo, vigas y cabios incluidos, y se pone toda la madera escuadrada.
Porque se coloca más fácilmente y encima se pone tarima
o tabla, sin problemas. Sobre eso un aislante en placas, un impermeabilizante
tramspirable y teja.
La Anita pidió presupusto a unos albañiles de la zona, que
calcularon -honradamente- lo que les costaría desmontar todo, traer
material nuevo y echar una capa de compresión de hormigón.
Pronto se dieron cuenta de que los muros no aguantarían esa carga,
y propusieron hacer un pilar de hormigón armado en el centro de
la casa, con cimientos propios, para soportar el peso.
La Anita no tenía tanto dinero.
Nosotros pudimos tomar la obra por una feliz casualidad y nos pusimos
a ello. El vigamen, en esta zona de Soria, acostumbra a ser de sabina,
una madera preciosa que no se pudre ni se apolilla y que hoy está
completamente protegida. Era una pena cambiarle la sabina por pino nuevo
y buscamos otra solución. Para salvar los desniveles entre cabios
pusimos las tablas a espiga entre cabios. Lo había visto en la
revista "Adobe Builder" hace años.
Tratamos la tabla sumergiéndola en agua caliente (30°C) y a
continuación en agua a la misma temperatura, saturada en sal de
bórax (tetraborato sódico). El punto de saturación
lo obtuvimos con el 4% del volumen de agua (un cubo de agua caliente-una
taza grande de bórax).
Después de dejarlas secar, las tratamos con dos capas de aceite
de linaza, aguarrás y pimentón picante (típico en
algunas zonas). Una vez en el tejado había que cortar todas las
tablas a medida, para lo que estuvimos dos personas, una midiendo y clavando
y otra cortando. Elegimos no usar herramientas eléctricas y cortamos
todo con una sierra japonesa. En velocidad no perdimos nada pero sí
en desgaste físico. Estoy contento de haberlo hecho a mano en los
dos tejados pero, para un tercero, usaría una sierra circular.
Una vez puesta la tabla, desde abajo se disimulan los desniveles, pero
desde arriba quedan aún más patentes. Echamos hilos para
decidir el nivel que queríamos conseguir con el aislante y según
esas líneas hicimos los rastreles. En el primer tejado hicimos
los rastreles con cal y arena de Arlita (A-5) y en el segundo con vermiculita
y la verdad es que, tanto da uno que otro en precio como en resultado.
Nuestro objetivo era hacer una capa aislante, vertida sobre el sitio,
que se adaptara a los desniveles y que por encima fuera plana para poder
poner la teja y firme para poder pisar. Hacer un mortero con corcho granulado,
con arlita o con termita era una posibilidad, pero queríamos probar
con paja. El aislante de paja ha sido un sueño inalcanzable durante
años en el mundo de la bioconstrucción y nosotros queríamos
conseguirlo. Tras mucho probar, la mezcla a la que hemos llegado es: 8
lts. de agua, 30 de cal en pasta, 10 de arena de río y toda la
paja que tome. En el primer tejado hicimos la cal en pasta a partir de
hidróxido y en el segundo a partir de óxido. El apagado
de la cal es un trabajo peligroso y especializado, y no lo recomiendo
a un autoconstructor, pero la verdad es que se disolvía mucho mejor
el de óxido.
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La mezcla la hacíamos a mano, batiendo primero con un taladro la
cal y el agua, luego, con guantes largos (y gafas protectoras), la arena
y finalmente la paja. El resultado lo echábamos en cubos que subíamos
al tejado, vertiéndolo entre los rastreles y nivelando con una
regla de metal. A la semana está completamente seco y firme al
paso. En zonas de mucho tránsito empleamos tablas para pisar pero
no eran imprescindibles. No empleamos cemento porque el cemento hace puente
térmico. Para ilustrar: un litro de cemento pesa 1.500 grms., uno
de cal: 600 grms. Un litro del aislante de paja del nuestro pesaba 622
grms. Entiéndase que cuanto más ligero, más aislante
resulta.
Sobre esta capa de aislante, ya bien nivelada, pusimos Tyvek y sobre él
la teja con cal y arena (1:3)
No empleamos Onduline en ningún tejado por lo caro que resulta
y porque limita mucho las posibilidades de hacer cosas diferentes (salidas
de chimeneas, claraboyas, troneras, limas, hoyas...).
En el segundo tejado teníamos que tejar sobre un ábside,
que nos dió algún quebradero de cabeza. A la hora de poner
la tabla no sabíamos por dónde empezar. Queríamos
ponerla radial, pero si empezábamos desde el centro partíamos
con un triangulillo de madera y era difícil que no nos desviáramos.
Si empezábamos desde el extremo, aún peor. Al final empezamos
desde el centro, y después colocamos tabla hacia el centro y hacia
el exterior.
El colocar la teja nos volvió a proporcionar horas de debate. Originalmente
las líneas estaban todas compensadas en abanico. Yo sabía
que no tenía paciencia para elegir una a una las tejas y volverlo
a montar como estaba, pero había que hacer algo elegante. Al final
se nos ocurrió hacer un frente en abanico y dos cornijales (uno
a cada lado) para tomar la dirección de las aguas del tejado. Quedó
bien.
Lo del aislante de paja es totalmente recomendable para autoconstructores
y lo de la tabla a espiga también, además es una preciosidad
desde dentro la casa. Para profesionales quizá fuera más
rentable un mortero de corcho mezclado en la hormigonera, pero la verdad
es que a nosotros nos salió rentable, la Anita ha mantenido sus
vigas de sabina, tiene un techo precioso, le ha costado una quinta parte
de lo que le habían presupuestado los otros albañiles, y
no tiene una columna de hormigón atravesando su casa. Un final
feliz.
©
Mateu Ortoneda y EcoHabitar. Prohibida la reprodución sin autorización
expresa.
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