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Radioactividad
natural de la tierra
Riesgos
para la salud al construir con tierra. Un aspecto de la casa natural,
que los expertos
solemos olvidar con facilidad..
Textos
Carlos M Requejo
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En
color naranja las zonas con mayor radiactividad natural.
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Decir que
Todo lo Natural es Bueno, evidentemente es falso. El frío polar
es fatal para la salud, pero es natural. Un huracán, un terremoto
o una erupción volcánica también son naturales, y
podemos ver en unos minutos lo que pasa con la Amanita Muscaria, el curare
y otras substancias enteramente naturales pero mortales.
Pretendo abrir un debate sobre la Radiactividad natural, un aspecto de
la casa natural que los expertos en Bioconstrucción solemos olvidar
con facilidad, cuando hablamos de arquitectura tradicional, buscando obtener
un casa sana y natural.
Está de moda hablar del adobe, o del tapial, como materiales naturales
idóneos para construir una casa sana, pero esto no es siempre cierto.
Por supuesto que el uso de la tierra como material constructivo tiene
muchas ventajas, la casa de adobe es bioclimática, dura siglos
y se integra en el paisaje, además es barata y es sostenible.
Pero, si queremos garantizar nuestra salud, no estará de más
analizar con que tierras vamos a construir nuestra casa, sobre todo si
hemos comprado un terreno en una sierra remota, huyendo de la ciudad.
En nuestro planeta Tierra, todas las tierras son radiactivas, y debemos
saber que en radiactividad no existe una dosis inocua, cualquier incremento
de radiactividad por encima de la radiación natural de fondo natural,
tiene potenciales efectos genotóxicos, esto es afecta al ADN, reduce
las defensas del sistema inmunitario, puede ser cancerígeno y daña
el patrimonio genético de la vida.
Cualquier bioconstructor o geobiólogo, debería equiparse
de mucho sentido común, y de un monitor de radiación nuclear
tipo Radalert, técnicamente llamado contador Geiger-Müller.
El sentido común nos servirá para observar atentamente la
salud de las personas mayores residentes en la zona. Si vemos que la media
de la población es alegre y optimista, tiene buena salud y gran
longevidad, caso de los campesinos del Cáucaso, podemos suponer
a priori que estamos en un entorno natural sano, en el Buen Sitio.
Pero si observamos mala salud general, despoblación de la zona,
o que la gente de la comarca tiene gran tendencia a emigrar, caso de las
badlands o highlands (Escocia, Galicia, etc.), debemos analizar si es
debido a una tierra muy dura, con un subsuelo geológico de rocas
cristalinas con alto contenido de minerales radiactivos, frecuentemente
cuarcitas o granito, muy ricos en torio y uranio.
Observaremos también las técnicas constructivas locales
y qué materiales de construcción se han usado más
habitualmente en la zona, desde la antigüedad. La observación
botánica de la zona a construir también nos informará
de la calidad del suelo, y la abundancia de malas hierbas puede ser un
aviso a tener en cuenta. Por el contrario una huerta feraz y fértil,
difícilmente será muy radiactiva, aunque no estará
de más realizar un estudio geobiológico del subsuelo para
descartar cualquier otra geopatía, como las corrientes de agua
subterráneas.
El contador Geiger nos ayudará a verificar esa suposición
de un modo técnico, debemos saber que las rocas y tierras naturales
tienen una gama muy amplia de niveles de radiación nuclear (alfa,
beta, gamma).
No existe un nivel de radiación que podamos decir normal, pues
existen grandes variaciones locales, en función de la roca dominante
en el subsuelo, y en general serán más radiactivas las montañas
que los valles o las costas. Por otra parte la radiactividad cósmica,
procedente del espacio y del sol, crece en las altas montañas.
Ciertos lugares y en particular ciertas montañas son lugares muy
ricos en Prana, y se definen como sagradas, precisamente por su alta radiación.
El nivel de radiación natural de las rocas puede variar mucho,
desde las cretas, con 30-40 mR/año, pasando por las calizas, con
70-90 mR/año, hasta la piedra pómez o ciertos granitos,
que pueden pasar de 250 mR/año. Y en lugares singulares, sobre
yacimientos de minerales radiactivos, la radiactividad ambiental natural
puede superar los 1.000 mR/año y sin embargo ciertos nativos del
Brasil viven en ese ambiente, perfectamente adaptados a su entorno durante
miles de generaciones.
Para valorar la salubridad del sitio, el nivel de radiación total
de la casa (subsuelo, materiales, ambiente) debe compararse con el nivel
de radiación de fondo natural de cada comarca, al que los nativos
del lugar están adaptados por generaciones, pero que puede ser
fatal para los “neorurales” recién llegados de la lejana
ciudad.
Si vamos a construir nuestra casa en un lugar diferente de nuestra tierra
natal, deberemos comparar el incremento de radiactividad entre nuestro
terreno nativo y el nuevo emplazamiento, porque el hecho de construir
con adobe, o con tapial, materiales totalmente naturales, no garantiza
a priori la salubridad de la casa.
En este momento, en España, está en proceso de realización
el Mapa de Radiación Natural (Proyecto MARNA), que permitirá
al promotor o constructor biológico saber con detalle la radiación
de fondo natural en todo el territorio nacional, antes de edificar en
un lugar insalubre.
El incremento de radiactividad dentro de la casa puede ser debido a emanaciones
de gas Radón (Rn 222), generalmente procedente del subsuelo, que
al acumularse por mala ventilación puede triplicar la radiación
natural dentro de la casa.
Ciertos materiales de construcción muy frecuentes como el granito,
los esmaltes o el gres monococción también son fuertemente
radiactivos. Pero también podemos introducir radiación excesiva
con el uso de cementos y de yesos artificiales, que pueden llevar aditivos
y componentes como las fosfogisginas, muy radiactivas.
También deben revisarse con el contador Geiger los áridos
(gravas y arenas) que se emplean en morteros y hormigones y debe evitarse
el uso de pizarras de alumbre, escorias de silicato o desechos de la minería
de uranio.
Construir casas es un hecho cultural, no natural, no olvidemos que lo
natural sería vivir y dormir al raso, en árboles o en cuevas,
como los primates. Por tanto si nos interesa la salud del hábitat
humano deberemos estudiar la radiactividad del subsuelo donde construimos
y hacer siempre un test de materiales, identificando las canteras, yacimientos
o proveedores que nos proporcionan los materiales de mínima radiación.
Por el contrario, construir templos es un hecho sagrado y como hemos podido
comprobar en el Camino de Santiago y en otros muchos templos tradicionales,
con frecuencia el recinto sagrado está edificado sobre un lugar
cosmotelúrico singular, con altísima radiación, y
en algunos casos esa radiactividad se incrementa aún más
por la existencia de piedras muy radiactivas en el ara del altar mayor,
con frecuencia una losa consagrada traída por algún santo
peregrino en la antigüedad.
Para comprender por qué los sacerdotes eligen esos lugares energéticamente
tan activos (radiactivos), tendríamos que estar iniciados en las
artes sagradas y el uso de la energía vital, o Chi. Evidentemente,
altas dosis de radiación, como ciertas drogas psicotrópicas,
parecen favorecer los “Estados Alterados de Conciencia” que
permiten la conexión con la divinidad, pero eso será tema
de otro capítulo.
Más información:
El autor es gerente de la empresa de gestión medioambiental Domobiotik
carlos@domobiotik.com
Internet:
• www.domobiotik.com
• www.elektron.org
• Servicio de Radioactividad Ambiental. Instituto de Técnicas
Energéticas
http://www.upc.es/inte/servei_a.htm
©
Carlos M. Requejo y EcoHabitar. Prohibida la reprodución sin autorización
expresa.
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