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| Ficha
técnica |
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USO: vivienda unifamiliar aislada en zona rural.
• Comienzo de obra: 1 julio 2001
• Fin de obra: enero 2002 + 2 meses para la cubierta
• Superficie construida: 45 m2
• Precio mano de obra*: 7.800 €
• Precio materiales*: 3.000 €
• Técnicos: auto constructores, el listillo de
la banda: Bernard Verstraten y “El lodo mágico”,
Asociación de constructores descalzos de la Palma.
• Clima y ubicación: 300 m de altitud en la ladera
noroeste de la isla de La Palma, Canarias. Con temperatura
mínima de 14 grados en invierno y 30 en verano. Zona
rural con población muy dispersa.
• Energía: 4 placas fotovoltaicas, A.C.S, pequeño
grupo electrógeno de gasolina.
• Sistema de ahorro energético: muro de 55 cm.
de barro y paja. Baño seco de compostaje.
• Climatización: muro sureste con cristalera
para la acumulación del calor solar (invierno), ventana
parte superior de la cúpula para la ventilación
(verano). No existe necesidad de estufa por sus inviernos
no extremos.
• Estructuras y materiales: Cimientos realizados con
piedras y hormigón. Muro de carga: piedras y hormigón.
Muro de sostenimiento: gomas de coche y piedras. Cúpula
y cuarto entrada: 3.500 ladrillos de adobe crudo. Encalados
de cal, barro y/o arena. Cubierta: pino blanco local, tela
asfáltica, tierra y vegetación.
* Los precios de mano de obra y materiales se refieren únicamente
a los trabajos de construcción de barro e infraestructura,
sin incluir la cubierta, los suelos, puertas y ventanas. |
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Una
vida sana, la búsqueda de una cierta armonía y una
conciencia ecológica llevan inevitablemente, en el momento
de edificar, a suprimir ángulos, a planificar una arquitectura
original y a confiar en formas y técnicas empíricas.
A esta conclusión llegó Brigitte cuando decidió
construir una cúpula en su finca biológica en la
Palma, Canarias. Ella quería una vivienda sencilla, artística
y sobre todo realizada con materiales naturales. La cúpula,
con su espacio íntimo y relacionado con el cosmos, era
su sueño desde hace años.
Energía circular
Existe un vínculo estrecho entre espiritualidad y la construcción
de formas redondas. Estas no faltan nunca en los templos de las
religiones monoteístas, en la arquitectura sagrada hinduista,
en las cabañas de sudación chamanistas del continente
americano y más sencillamente en la vivienda tradicional
africana relacionada con las creencias animistas.
Una media esfera nos recuerda la gestación, la tierna barriga
de la Madre. ¿Qué mejor cobijo que ese? Brigitte,
además, sabía de antemano que aquel espacio iba
a ser dedicado a la meditación, a las reuniones musicales,
a la tranquilidad contemplativa y a albergar un estilo de vida
al cual la cúpula iba a proporcionar su energía
beneficiosa.
Materia prima local
Rápidamente el proyecto se convirtió en una aventura
ecológica y decidimos elegir los materiales según
su cercanía, su bajo impacto medio ambiental en su lugar
de producción y en nuestra obra, y que los gastos económicos
fueran lo más locales posible: transportar la tierra arcillosa
desde el pueblo vecino, recoger la pinocha desecha y fibrosa que
cubría las carreteras de monte, juntar las gomas de coche
en los talleres, encargar camiones de arena y gravas de río
desde los barrancos cercanos e incluso que la mano de obra tuviera
el mínimo trayecto posible en coche. Cada aspecto necesitaba
una baja huella ecológica.
El barro crudo como ingrediente base
Después de observar varias posibilidades, decidimos construir
al máximo con barro crudo: los ladrillos prensados manualmente,
la masa de unión, los encalados y lucidos interiores y
las primeras manos de los exteriores.
Fabricar 3.500 ladrillos no fue cosa sencilla, hubo que preparar
el sitio para reducir los trayectos, sombrear la zona de trabajo
de la fosa donde se mezclaban los materiales y la mesa donde se
prensaban, aplanar metros cuadrados de suelo para secar y almacenar
los adobes. Además todas las etapas iban a ser realizadas
manualmente (o con los pies…), la criba, la mezcla en seco,
la mezcla con el agua, el triturado, el moldeado, el almacenamiento
y el transporte hasta la obra.
Un
Gomero y dos Belgas
En Francia, las cabezas de turco de todos los chistes son los
Belgas y en Canarias son los Gomeros, pues bien, el arquitecto,
el responsable de las técnicas de barro y el capataz albañil
eran precisamente belgas y gomeros. En el pueblo había
quien ya se reía del trío y de la poca probabilidad
de éxito del proyecto.¿y eso, cómo se sostiene
solo? era la típica pregunta.
Después de varios intentos llegamos a la mezcla perfecta:
el agua, la arcilla, la arena, la gravilla y las fibras, tienen
que tener la consistencia óptima para poder ser moldeables
y poderse prensar. Reciclando unos cartones nos dimos cuenta que
suponían una buena base para recibir el ladrillo al secarse.
Al empezar, trabajamos con moldes de madera, aunque estaban bien
hechos y tenían refuerzos, no aguantaron mucho tiempo y
los fuertes golpes para prensar el barro y la inmersión
constante para mantenerlos limpios, los destrozaban tanto que
los adobes salían con formas cada vez mas caóticas.
Sabía, por experiencia, lo importante que era mantener
un espesor siempre igual y todas las aristas paralelas, así
que tuvimos que buscar una alternativa a dichos moldes. Una vez
los nuevos moldes metálicos hechos por el herrero estuvieron
listos, a las 2 semanas de trabajo, llegamos a producir 180 ladrillos
al día.
Aunque se deseaba lograr una casa natural hecha a mano, era importante
también mantener el precio de fabricación de los
ladrillos lo más bajo posible. Para eso tuvimos que inventar
algunas alternativas como trabajar con woofers, intercambiar horas
de trabajo de los obreros por comida y alojamiento, llamar a los
amigos e intentar fabricar el mayor número posible de ladrillos
al día.
Planos, curvas y círculos
Una vez el solar de la obra estuvo listo, tuvimos que decidir
donde colocar el centro del círculo, alrededor del cual
íbamos a dar vueltas durante casi dos meses. Con cemento
dentro de cuatro gomas de rueda apiladas plantamos un tubo metálico
enroscado al final. A partir de ahí se hicieron todas las
medidas y decidimos llamar a esta estructura “el Reloj”.
Brigitte, la dueña, tenía una visión clara
de la forma que quería, la cual se acercaba más
a una curva elíptica, por eso tuvimos que hacer unos cálculos
y luego unos trazados especiales recortando un cartón-piedra,
el cual iba fijado al brazo del “reloj”. Otras cúpulas,
como las de los hornos de pan, de media esfera perfecta, se realizan
siguiendo la técnica tradicional de la cuerda siempre tensa,
fijada en el suelo, en el centro y cuya extremidad indica la colocación
interior de la cara de cada ladrillo (o intrados).
Además, para alcanzar más altura al pie de la pared,
se empezó la curva de la cúpula, encima de un muro
de hormigón de 1 m de alto. Esta base tenía que
ser muy resistente para poder aguantar la presión de la
obra y también para cumplir con un precepto de la construcción
de barro, tener medio metro de base inalterable por el agua.
La cúpula tenía dos accesos previstos; uno hacia
el cuarto de entrada (una habitación rectangular con muchas
ventanas como acumulador de calor) y otro más estrecho,
ambos iban a ser en forma de arco. Para su realización
pudimos haber utilizado la antigua técnica afgana que sencillamente
llena el futuro orificio del arco con los mismos ladrillos apilados
hasta conseguir un soporte en forma de escalera a la altura deseada,
pero al final optamos por construir un molde de cartón
prensado y madera. La clave central no fue hecha de adobe sino
con una piedra de tosca (piedra volcánica fácil
de tallar) esculpida con el hacha.
El terreno donde se ubicaba la obra tenía una fuerte pendiente,
por eso hubo que levantar un muro de sostenimiento, para cuya
construcción nos inspiramos en las construcciones “Earthships”
con gomas usadas de coche. Después de preparar unos cimientos
de piedras y hormigón, levantamos filas de gomas de coche
rellenas a tope de piedras de diferentes tamaños, de tierra
y de escombros, todo eso prensado hasta rebosar. En algunos puntos
llegamos incluso a los 3mts de altura. Una vez acabado el muro,
cubrimos la cara exterior con malla gallinera metálica
y encalamos con la mezcla normal: barro, arena y fibra.
El sorprendente poder pegajoso del barro.
Los dos arcos estaban acabados y firmes, la mayoría de
los adobes estaban secos; ya podíamos empezar a alzar los
muros. La argamasa era casi igual a la del adobe, pero sin grava,
ni fibra y más aguada. Cada intrados del ladrillo iba colocado
en su sitio rozando al mínimo, con el recorte de cartón-piedra
que iba atornillado al brazo del “Reloj”. Así
se conseguía su justa posición en la curva, mientras
su ángulo iba determinado con un nivel de agua que indicaba
360 grados. Cada dos hileras, teníamos que reajustar el
nivel con su nuevo ángulo. Para mantener el adobe en su
posición se colocaban unas piedritas o cachitos de tejas
en su parte exterior (o extrados). Las conexiones estructurales
de puertas y ventanas en el muro de barro fueron una etapa delicada,
en la cual convenía extender los amares de los bastidores
profundamente en las paredes, lo que hicimos con alambres a toda
una fila de ladrillos.
Al principio un solo andamio se iba moviendo siguiendo el avance
del trabajo, pero rápidamente hubo que añadir piezas
y dejarlo fijo y poco a poco se fue llenando de varas, planchas
y vigas convirtiéndose el espacio en un verdadero laberinto.
La circunferencia del suelo era de 5 m de diámetro y la
altura de 3 m, claramente en algún momento, la posición
de los adobes (cada uno de 40 cm de largo por 20 de ancho y 11
de espesor, rozando los 4 kg) iba a pasar de estar casi horizontal
a totalmente vertical y en el grupo había quien no confiaba
en la capacidad de unión del barro para aguantar el peso
de los ladrillos. Por esa razón habíamos preparado
unos 400 adobes del mismo tamaño, pero de mitad de espesor,
añadiendo una porción más de fibra, obteniendo
así un elemento algo más frágil pero bastante
más ligero. Estos iban a ser las piezas a colocar cuando
la ley de gravedad se hiciera menos tolerable. Y la sorpresa fue
grande cuando un día cogí uno de esos ladrillos
y un puñado de argamasa y lo pegue boca abajo, colgando
del muro; sostenerlo 10 segundos fue suficiente para que se quedara
ahí firme… ¡¡¡la magia del lodo!!!
La ventana superior: la luz solar constante
11 de septiembre: Estábamos colocando las últimas
filas de adobe, cuando a medio día alguien nos anuncio
que dos torres de Nueva York se estaban cayendo. Nadie se lo creyó
y seguimos con nuestra humilde cúpula. Pero apenas llegada
la noche nos fuimos al bar del pueblo para ver que era cierto,
lo demasiado arrogante había acabado en el suelo a mano
de los demasiado locos. Toneladas de escombros por todas partes,
el precio de una construcción insostenible. El día
que nuestra cúpula se venga abajo todos sus materiales
se reintegrarán en la tierra.
Hubo un primer proyecto abortado de una cúpula de madera,
de ahí sacamos un elemento circular muy bien hecho: 1 m
de diámetro, madera noble, ventana de plexiglás
súper resistente y decidimos utilizarlo para la clave final
de la cúpula. Gracias a esta ventana los rayos de sol podían
entrar desde el amanecer hasta muy entrada la tarde. Por aquel
entonces la obra era ya tan resistente que varias personas podían
caminar a la vez encima de la parte superior.
La lluvia se acerca
Desde el principio del proyecto, un interrogante flotaba; ¿es
la Palma una zona seca o más bien lluviosa? Porque en la
literatura referente a las cúpulas se dice que este tipo
de arquitectura es óptima en zonas secas sin embargo desaconsejada
en zonas lluviosas. Pero al final de septiembre unos nubarrones
grises nos trajeron una respuesta muy clara. Los enlucidos finales
de protección no estaban secos y aunque una buena obra
de barro puede aguantar sin daños excesivos un invierno,
no cumplíamos el dicho famoso: unas buenas botas y un buen
sombrero, lo cual se refiere a tener una base resistente al agua
y un techo con cornisa que proteja del impacto directo de las
gotas. Las botas sí las teníamos, pero en cuanto
a lo del sombrero íbamos mas bien de”skin head”.
Teníamos varias recetas de capas protectoras impermeables,
pero poca experiencia (aparte de la mía, aunque siempre
con viviendas con cubierta) y no tuvimos mucha suerte, empezó
a llover tempranísimo para esa época y los encalados
no se secaban, fue el año más lluvioso de la década
y no dejaba días secos para ayudar. Conclusión:
para Diciembre se avecinaban los problemas, la capa final se ahuecaba
y zonas enteras de la cubierta exterior se estaban cayendo.
Un invierno bajo plástico
La decisión de cubrir nuestra hermosa cúpula con
un plástico amarillo de platanera no fue muy agradable,
¿Pero que remedio? El invierno se anunciaba largo y lluvioso
pero como se podía vivir muy bien adentro, decidimos dejarlo
tal cual hasta la primavera y aprovechamos esos meses para los
acabados interiores, los detalles y la recolección de pinos
cortados por Medio Ambiente para preparar lo que siempre fue la
alternativa a los encalados: un enorme tejado.
Fue durante el verano del año siguiente que se acabaron
los nuevos encalados y el tejado; una estructura de madera cubierta
de tierra fértil, donde se sembraron numerosas enredaderas.
Una forma original, artística y con vida protege el trabajo.
La ventana superior sigue ofreciendo la luz solar y todo el sitio
se esta convirtiendo en una hermosa finca acorde con la filosofía
de la Permacultura donde todo crece de forma exuberante.
Trabajar en este proyecto me brindó la oportunidad de convertir,
de hacer contemporánea la construcción ancestral
de las cúpulas de barro.
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