Es
tan fundamental conocer nuestras necesidades como las características
del entorno donde se va ha ubicar la vivienda. Como resultado obtendremos
la forma idónea de construir en cada caso.
- La casa
es como nuestra tercera piel. La piel del cuerpo nos protege del medio
ambiente y mantiene el equilibrio de temperatura, humedad y energías
eléctricas sutiles. La casa debe perseguir los mismos objetivos:
protegernos de las temperaturas extremas, de la humedad, de los vientos
y de las precipitaciones, pero también facilitar el intercambio
con el medio ambiente. Todo esto determinará el grado de bienestar
y comodidad que ofrece una casa.
- En la
arquitectura ecológica siempre se tiene en cuenta el clima, el
sol, el viento, las precipitaciones, las estaciones, y el uso inteligente
de estas reservas energéticas naturales y renovables.
Cada clima genera un tipo de arquitectura y nuestra casa debe ser diseñada
y orientada adecuadamente para aprovechar las ventajas de éste.
Con una
correcta zonificación de la vivienda conseguimos optimizar el consumo
energético durante todo el año, minimizando las pérdidas
de calor en invierno y protegiéndonos de éste en verano.
Es importante una adecuada distribución de espacios, atendiendo
a consideraciones bioclimáticas, de ahorro energético y
funcionales, con acristalamientos, paredes y suelos de alta inercia térmica
al Sur y estancias de poco uso al Norte.
La vegetación contribuye considerablemente a crear un entorno saludable:
renueva el oxígeno y regula la humedad ambiental. El uso de la
vegetación exterior permite regular la captación solar de
la vivienda y formar colchones acústicos para aislar zonas de distinto
uso.
En la elección del terreno y para la correcta
ubicación de la casa debemos tener en cuenta los estudios que realiza
la geobiología, que permite cartografiar un área y determinar
la existencia de zonas geopatógenas, dedicando una muy especial
atención al estudio de los lugares de descanso.
Existen fenómenos electromagnéticos: en las intersecciones
de las retículas y mallas pueden producirse nudos negativos desde
el punto de vista fisiológico, que resultan perniciosos cuando
coinciden con otras perturbaciones debidas a fuentes tanto naturales como
artificiales, como la existencia en el subsuelo de un curso de agua, de
una falla o de una fractura del terreno.
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