Arcos, bóvedas y cúpulas. 1ª parte

estufa para casaEn esta serie de tres artículos vamos a familiarizarnos con estos elementos constructivos, que hoy en día han quedado relegados a simples funciones artísticas más que estructurales. Desde aquí queremos reivindicar la recuperación de estos armoniosos elementos constructivos con finalidad estructural, que hasta el siglo XX han configurado la mayor parte de los espacios del hábitat para personas y animales. Veremos cuales son sus fundamentos y tipologías; cómo se calculan y construyen.

Su forma curvada les confiere aspectos psicológicos de seguridad, protección y sobre todo nos conecta más con la tierra armoniosamente, pues toda su estructura trabaja descansada, aplomada y relajada… Nos recuerdan a la bóveda celeste y al arcoiris. Estar en el interior de una bóveda, nos invita a interiorizarnos, a la reflexión, a la meditación, en definitiva a la paz interior… es un espacio para la ampliación de conciencia por excelencia.

Son elementos constructivos de forma curvada, que transmiten las cargas que soportan (además de su propio peso) a elementos inferiores, como muros portantes, pilares y/o cimientos. Su principal característica es que los esfuerzos a los que se ven sometidos, son principalmente a compresión, entendida como fuerza cohesiva ejercida por el efecto de la gravedad.

El arco

Es el elemento constructivo de forma curvada, que no sólo salva el espacio entre dos pilares o muros, sino que transmite los esfuerzos a éstos, permitiéndonos espacios libres de tránsito e iluminación.

Está compuesto por 2 basales, una clave y un número indeterminado de dovelas; puede adoptar infinidad de formas curvas.

Estructuralmente, un arco funciona como un conjunto que transmite las cargas desde la clave hasta los basales, ya sean propias o provenientes de otros elementos, hasta los muros o pilares que lo soportan. Por su propia morfología las dovelas están sometidas a esfuerzos de compresión, fundamentalmente, pero transmiten empujes horizontales en los puntos de apoyo, hacia el exterior, de forma que tiende a provocar la separación de éstos. Para contrarrestar estas acciones se suelen adosar otros arcos, para equilibrarlos, o muros de suficiente masa en los extremos, o un sistema de arriostramiento mediante contrafuertes, arbotantes o zunchos de atado perimetral.

Los arcos pueden usarse para cubrir superficies, ya sea colocándolos paralelos, resultando en una superficie en forma de cilindro o radialmente, dando una superficie de domo.

Arcos atirantados, (este tipo de arcos no los veremos en el apartado de cálculo de esta serie, pues dado su funcionamiento para absorber esfuerzos, corresponden más a la tipología de las cerchas, que de los arcos). Este tipo de arcos surgieron a finales del siglo XVIII, para evitar los contrafuertes y economizar, tanto en materiales como en mano de obra; para ello se utilizan cables o barras a modo de tirantes metálicos, o de madera (los cuales trabajan a tracción), para sujetar las dovelas inferiores y de este modo absorber los esfuerzos horizontales que serán mayores, cuanto mayor sea su luz respecto a su altura.

Contenido relacionado

Aprendiendo timber framing con Joshua Thornton En 2010 nos encontrábamos en Mas Franch, un proyecto de transformación social y ecológica en la Garrotxa, en el Norte de la provincia de Girona. Estuv...
Arcos, bóvedas y cúpulas. 2ª parte Mi padre me decía que “la experiencia es la madre de la ciencia” y en cierto modo no le falta razón, aunque a mí, personalmente, me gusta más decir qu...
bool(true)

2 thoughts on “Arcos, bóvedas y cúpulas. 1ª parte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *