Altos niveles de químicos tóxicos en la sangre en las personas que trabajan en oficinas

La gran mayoría de las personas que trabajan en una oficina no saben que están inconscientemente expuestas a niveles significativos de productos químicos tóxicos que han sido vinculados con problemas inmunológicos, de hígado, fertilidad y desarrollo tanto en humanos como en animales.

La gente que pasa mucho tiempo en la oficina presenta altos niveles de compuestos perfluorados (PFC) en su sangre, encontró un nuevo estudio, que también demostró una relación directa entre los niveles químicos del aire del lugar de trabajo de una persona y la cantidad de PFCs en su sangre.

Según los datos de un estudio de salud llevado a cabo en los Estados Unidos, más del 95% de los americanos presentan PFC’s en sus cuerpos. Los nuevos hallazgos ayudan a establecer un cerco alrededor de las mayores fuentes de exposición, planteando también nuevas maneras de reducir la carga de químicos en nuestros cuerpos.

“Cuando pensamos en la exposición profesional, solemos relacionarla con los trabajadores de la construcción o los soldadores, pero existe una población todavía más grande de oficinistas”, manifestó Michael McClean, científico de salud ambiental de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston.  “Quisimos revisar esos ambientes y ver lo que se encontraba en el aire”.

Los PFCs son un grupo de químicos que ofrecen propiedades resistentes al agua y resistentes a las manchas, incluyendo alfombras, muebles, envolturas de alimentos, baterías de cocina y sartenes antiadherentes. Las investigaciones han descubierto niveles significativos de varios PFCS en el entorno y en la gente; y un par de estudios han sistemáticamente considerado de dónde provienen la mayor parte de esos productos químicos.

McClean y sus colegas decidieron revisar las oficinas porque la gente pasa mucho tiempo en el trabajo y porque éstas están llenas de muebles resistentes a las manchas, pintura, alfombras y otros objetos que pueden emitir el polvo que contiene PFC.

El equipo reclutó a 31 adultos que viven y trabajan en una zona de oficinas de Boston. Aproximadamente un cuarto de las oficinas se encontraban en un edificio nuevo que había sido construido un año antes y estaba decorado con alfombras nuevas, sillas tapizadas y otro mobiliario. Un cuarto de los trabajadores se encontraban en viejos edificios que no habían sido renovados recientemente.

La mitad restante de las oficinas se encontraban en un edificio que parcialmente había sido renovado el año anterior con nuevo alfombrado en los vestíbulos y en aproximadamente el 10 por ciento de los espacios. Todas las oficinas habían sido pintadas del piso al techo, tenían cerradas las ventilaciones del aire y disponían de al menos un ordenador sobre un escritorio. Además, mantenían las puertas cerradas durante la noche.

Durante una semana invernal, de ocho de la mañana de un lunes a ocho de la mañana del siguiente viernes, bombas de aire recolectaron material particular y gaseoso del aire de cada oficina. Al final de la semana, los investigadores también recolectaron sangre e información dietética de cada trabajador.

Los niveles de químicos denominados FTOH eran más altos en el aire del nuevo edificio y más bajos en el aire del viejo, indicaron los investigadores en la publicación Environmental Science & Technology. Nuestros cuerpos transforman los FTOH en un PFC llamado PFOA.

Cuando los niveles de FTOH eran altos en una oficina, la gente que trabajaba en esa oficina presentaba altos niveles de PFOA en su sangre comparados con la gente que trabajaba en oficinas con niveles más bajos. Las personas que trabajaban largas horas también inhalaban más químicos y acumulaban altos niveles de PFOA en su sangre que la gente que trabajaba menos días o los mismos días pero menos tiempo.

En general, el nivel de químicos en el aire de una oficina cuenta por el 36% de los niveles de PFC en la sangre.

“El hecho de que el aire en el entorno de una oficina pueda significar más de una tercera parte del PFOA que se encuentra en la sangre”, manifestó  McClean, “es en realidad bastante asombroso”.

Durante mucho tiempo los científicos habían asumido que la principal fuente de PFCs en nuestros cuerpos provenía de la alimentación, declaró John Meeker, científico ambiental de la Universidad de Michigan. Basándose en los nuevos hallazgos, resulta muy útil empezar desde en lo que a oficinas se refiere y determinar qué es lo que produce la gran mayoría de los  PFCs. Las respuestas podrían conducir a más regulaciones de los productos y procesos de renovación más sanos.

Por ahora es demasiado pronto para ofrecer consejos a los oficinistas acerca de cómo reducir su exposición.

“No le vamos a decir a la gente que dejen de acudir a la oficina”, declaró Meeker.

Fuente: Discovery News

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