nº 22 de EcoHabitar

Editorial

El 24 de abril el parlamento europeo decidió modificar, derogar y refundir el texto de la ley EPBD del 2002, en la que se aprobó la certificación energética de los edificios, por una nueva que nos ha de llevar a edificios de emisiones Zero, de forma obligada, para el 1 de enero de 2019. Estos edificios deberán ser de por sí edificios de muy bajo consumo energético, aparte deberán utilizar energías renovables locales para cubrir el resto de demanda. Ya en 2016 deberán serlo todos los edificios nuevos destinados a edificios públicos.

Esto es lo que se desprende de la lectura de los documentos que tenemos entre manos.

Los textos son un montón de información sobre decretos europeos (un poco aburrida para leer), la idea es que para el 2016 todos los edificios nuevos destinados a edificios públicos deberían ser de bajo consumo energético, y para el 1 enero de 2019, deberían de ser Zero Emission Buildings. Suena muy lejos, pero está bien saber hacia dónde puede evolucionar el sector. La pena, como siempre, es que se habla mucho de energía de mantenimiento y tan poco de la calidad de los cerramientos, de la salud del edificio, de ecomateriales, de bioconstrucción.

El sistema de calificación energética deberá, así, adaptarse a esta nueva realidad.

Este tema de la certificación energética está caliente y esperamos, a partir de este número, tratarlo en profundidad, por ahora comenzamos con una opinión sobre uno de los sistemas que mayor fuerza tienen en nuestro país.

Por otra parte, una de las grandes novedades de esta temporada ha sido la Norma UNE para Bloques de Tierra Comprimidos, y a la que dedicamos, aparte del comentario de “Desde la Trinchera” del inefable Mateu Ortoneda, un artículo con la opinión de algunas de las personas expertas en tierra del país y una entrevista con el coordinador general. Esta norma es, quizás, de las más avanzadas de Europa y, aunque no es de obligado cumplimiento, supone un intento por regular, sólo en fábrica, un material muy poco usado y que reúne unas características ideales para hacer una construcción de bajo impacto y con excelentes cualidades de inercia térmica. Claro está que es una norma que sólo va a afectar a fabricantes, pues va a ser difícil que un particular se gaste un dineral en llevar su bloque al laboratorio. La gran ventaja es que los bloques que estén normalizados van a pasar el criterio del seguro decenal, por lo que las aseguradoras no van a poner pegas y los bancos tampoco, por lo menos en lo que respecta a las normas técnicas. Porque el cerrojo que las entidades bancarias han propiciado, debido a eso de la crisis o al miedo que se tienen los unos de los otros, no se si se va arreglar. Mientras el sector de la bioconstrucción sufre un bajón debido a esta falta de préstamos, que, desde luego, no es comparable al de la construcción convencional.

Haciendo caso al sentido común y pasando de los analistas, es de suponer que en los próximos años la construcción bio subirá, supongo a los niveles de Francia o Alemania y que la otra, la convencional se estabilizará, también, a niveles europeos.

Algunas personas nos han preguntado el porqué no hemos estado este año en Construmat, la respuesta es bien fácil, los que hacemos esta revista creemos que apoyar una espacio megalómano e insostenible no va con nosotros. Es una cuestión de ética.

Por cierto date alguna vuelta por el blog de Bioconstrucción donde vamos colgando temas muy frescos del día a día, alguna peripecia que otra y cosas interesantes que vamos encontrando por ahí, un complemento a EcoHabitar: http://bioconstruccion.blogspot.com

Feliz verano y nos vemos en el próximo otoño con más temas que, espero, sean de tu interés.

bool(true)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *